Recuerdo perfectamente cómo te veías: jeans ajustados, blusa con escote, no usabas sujetador, lo que dejaba en evidencia tus pechos pequeños y un pezón aún más pequeño; el cabello suelto y ad hoc a la situación, pues igual te hubiera despeinado.
Me gustó cómo me miraste, me gustaron tus caricias, un tanto maternales si tu lo quieres, pero caricias al fin. ¿Quién comenzó? ¿Yo? No lo creo; fuimos los dos instigados por la necesidad de un amor urgido, exasperante, envenenado hasta los huesos de lujuria y perversión...
Besos asfixiantes y caricias desesperadas fueron el promedio del acto. Al final, en el clímax de ese amor urgido y lujurioso, me abrazaste como si quisieras consolarme de alguna culpabilidad; ¿o en realidad querías consolarte tú? Recuerda que nada de lo que se haga en la cama es inmoral si contribuye a perpetuar una relación.
Te fuiste sin decir adiós, como es tu costumbre. Ahora lo entiendo como si con eso dejaras en stand by eso que tú sabes prohibido, ilegal y clandestino. Espero la próxima cita, sentado si tú me lo pides, y espero que recuerdes que infieles pero no desleales.







3 comentarios:
Hola Cache, me alegra que te gustara el texto. ¿Cómo llegaste hasta mi blog?
Un saludo!
está bueno eso de infieles pero no desleales
oh pos si andaba perdida pero ya me encontré, por lo menos un rato más jojojo.
Eso, eso, que el deseo persista aunque sea lo único...
Saludos cacheto_Onesss!
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