miércoles 4 de marzo de 2009

Carta de una apasionada

... Y me quité la blusa, sin más trámites que desabrochar botón por botón (en realidad estaba un poco nerviosa pues era mi primer encuentro lésbico, y deseaba que ella no lo notara pues le había dicho que ya habían sido varios). Ella me miraba un tanto intrigada, reflexiva, por un momento pensé que ya me había descubierto, pero cuando la tomé de la mano para llevarla a la cama, con mis pezones como guía bien erectos, su mirada pasó de reflexiva a concupiscente. Increíble! A simple vista parecía una mujer "sin embargo", mirada distraida, bastante femenina, con un outfit intelectualoide, un poco retraída, pero sólo de apariencia pues en realidad era una vehemente conversadora; creo que eso fue lo que me animó a invitarla a aquella sesión sexosa. Se consideraba a sí misma como "heterosexual de clóset".

Me recosté sobre la cama y cerré los ojos. El ritual que le siguió fue lo más lujurioso que experimenté en toda mi Alejandresca vida. He de aceptar que mi novio ni en sus sueños más guajiros me ha hecho vibrar y retumbar desde lo más profundo de mi ser como aquella pálida y afilada mujer. El cuarto del hotel estaba a media luz, las cortinas viejas y desgarradas dejaban colarse a la estrella de la mañana. Pude verla cómo jugueteaba con mis pies y los acariciaba con una técnica única. Me besaba con una paciencia inaudita que por instantes llegó a exasperarme, pues la quería ya bebiendo de mí. Al llegar a la zona erógena por antonomasia, la esquivó y pasó de largo. A huevo! Yo misma sabía que no se podía ir sin lengüetearme los pezones, sin lamer hasta el cansancio mis pechos, redonditos y bien puestos, con la areola rosadita, hasta yo misma me excito con ellos. Antes, cuando iba en prepa, me recuerdo en amaneceres candentes, no sabía con qué consolarme, desesperada me ponía la almohada entre las piernas y la frotaba, sentía un alivio como venido del cielo; luego, al calor de ese consuelo, metía mis manos por debajo de la pijama y me acariciaba los pechos, apretaba los pezones mientras la almohada seguía haciendo su trabajo. Después del orgasmo, me alistaba para la escuela y era la preparatoriana más feliz de todas.

Mi cuello fue su deleite (y las orejas su botana) y era una maestra en ello, no me dejó ni una sola huella de sus besos. Tal como lo pronostiqué, mis pechos fueron su perdición; los hizo, los deshizo y los volvió a esculpir. Recuerdo que cuando dejábamos la habitación, le sugerí asegurar sus manos por una buena cantidad, jajá. Por momentos llegué a sentirme egoísta pues yo era la que disfrutaba todo, quería corresponderle y de inmediato me apaciguaba. Al parecer ella se complacía con la misma intensidad que yo con sólo besarme y toquetearme. No veía ni una sola señal de agotamiento. Creo que desde que la conocí aquella tarde en el taller de pintura siempre me deseó, soy buena interpretando las miradas.

El clímax se dio con mi sexo. Lo comió a besos y me transportó a otras latitudes. No puedo dejar de pensarla, quisiera presentársela a mi novio para que le enseñe cómo debe besarme, acariciarme, introducir sus dedos, cómo debe cogerme, carajo! No digo que no me haga sentir, es bueno, pero comparado con ella es un ignorante en el arte del sexo, porque eso es, un arte; si me preguntaran en la calle, en una encuesta de'sas que hacen los estudiantes de secu, que para mí quién es uno de los máximos expositores en ese arte, mi respuesta sería: Renata Fernández, con acento en la "a" de Fernández, señorita, por favor.

Espero me ayude a sacarla de mis pensamientos ohh Gran Cachete. Sin más por el momento, me despido:

Alejandra Rivera

1 comentarios:

marichuy dijo...

Wow

Buen relato erótico

Saludos y gracias por tu visita a mi blog