"Escribir es como hacer el amor.
No te preocupes por el orgasmo,
preocúpate por el proceso"
Isabel Allende
No te preocupes por el orgasmo,
preocúpate por el proceso"
Isabel Allende
¿Hacer el amor? Venga, Chabelita! Por qué siempre tan romántica? Pero sí, me gustó la analogía. Escribir tiene su proceso de calentamiento, lo que sería el faje, escarceo, warm up, o como su léxico se los permita expresar; que a la postre puede desencadenar algo casi tan satisfactorio como el mismo orgasmo (aunque en realidad nada se le asemeje), siempre que el proceso haya sido el adecuado. Dicen que el orgasmo es de quien lo trabaja...
... Iba caminando a paso apresurado, sentía las miradas, sentía las respiraciones agitadas cada vez más cerca de mí; no sabía si eran 2 o 3 o 4, si eran personas o alguna especie de mutación humana. Mi visión del momento era como en serie Polaroid; caminaba y caminaba y parecía que lo hacía en círculos pues todas las calles se parecían, incluso las lámparas en la misma posición, el mismo perro sarnoso que me ladraba como por mero protocolo, con hueva; es decir, algo así como "ruaff, ruaff", sólo levantando su pulguienta cabeza y reposándola nuevamente después de aquellos ladridos huevones. El mismo contenedor de basura del que emanaba un olor a cadáver. No sé si fueron 10 o 15 minutos; la verdad en ese momento no tenía certeza del tiempo. Todo me resultaba extraño al no haber ni un alma en la calle, como si fuera un pueblo fantasma, lo que me condujo a una angustia demencial pues me sentía encerrado en un infierno sin salida. La persecución seguía, aunque nunca supe quién o quiénes me perseguían, pues constantemente me volvía tratando de ver al o los persecutores y no había más que la misma calle oscura con contenedor hediondo y perro sarnoso. Mis piernas comenzaban a temblar, mi corazón quería eyectarse de mi pecho, me faltaba el aire y me sobraba el miedo. Quise reecontrar el camino a aquel pestilente bar para buscar a mis amigos más nunca lo hallé; mientras continuaba caminando, repetía en voz alta "el submarino amarillo, el submarino amarillo". Me exasperé al darme cuenta que ahora no podía dejar de repetir "el submarino amarillo", mi mente pensaba mil cosas más pero mi boca no respondía. Cuando pasé cerca de aquel perro sarnoso, éste había dejado de serlo para convertirse en uno de pedigree, limpio, con collar fino, quien, al verme, se puso en 2 patas y me dijo: "qué buscás en el submarino amarisho? Vos no sabés que es un lugar peligroso? Sho te recomiendo que mejor no vayas, se cuentan muchas cosas de la gente que entra; la otra vez mi amigo Ray, un pibe de raza inglesa, me dijo que su vecino entró, perdió la noción y al salir se hashó caminando en un lugar anacrónico, sin salida y parlando con un perro con acento argentino". Yo sólo sabía decir "el submarino amarillo". El perro se acercó y me dio una bofetada con la que me dejó inconsciente...
Éste ha sido un ejemplo de un mal proceso. Divagar y no concluir; mal viajar y no encontrar un desenlace. Es como cuando fajas y a la mera hora te dicen "ya se me fueron las ganas, mejor otro día". Lo peor deviene en el dolor de testículos un par de horas después. Ya ven que el escribir no es fácil!!!
... Iba caminando a paso apresurado, sentía las miradas, sentía las respiraciones agitadas cada vez más cerca de mí; no sabía si eran 2 o 3 o 4, si eran personas o alguna especie de mutación humana. Mi visión del momento era como en serie Polaroid; caminaba y caminaba y parecía que lo hacía en círculos pues todas las calles se parecían, incluso las lámparas en la misma posición, el mismo perro sarnoso que me ladraba como por mero protocolo, con hueva; es decir, algo así como "ruaff, ruaff", sólo levantando su pulguienta cabeza y reposándola nuevamente después de aquellos ladridos huevones. El mismo contenedor de basura del que emanaba un olor a cadáver. No sé si fueron 10 o 15 minutos; la verdad en ese momento no tenía certeza del tiempo. Todo me resultaba extraño al no haber ni un alma en la calle, como si fuera un pueblo fantasma, lo que me condujo a una angustia demencial pues me sentía encerrado en un infierno sin salida. La persecución seguía, aunque nunca supe quién o quiénes me perseguían, pues constantemente me volvía tratando de ver al o los persecutores y no había más que la misma calle oscura con contenedor hediondo y perro sarnoso. Mis piernas comenzaban a temblar, mi corazón quería eyectarse de mi pecho, me faltaba el aire y me sobraba el miedo. Quise reecontrar el camino a aquel pestilente bar para buscar a mis amigos más nunca lo hallé; mientras continuaba caminando, repetía en voz alta "el submarino amarillo, el submarino amarillo". Me exasperé al darme cuenta que ahora no podía dejar de repetir "el submarino amarillo", mi mente pensaba mil cosas más pero mi boca no respondía. Cuando pasé cerca de aquel perro sarnoso, éste había dejado de serlo para convertirse en uno de pedigree, limpio, con collar fino, quien, al verme, se puso en 2 patas y me dijo: "qué buscás en el submarino amarisho? Vos no sabés que es un lugar peligroso? Sho te recomiendo que mejor no vayas, se cuentan muchas cosas de la gente que entra; la otra vez mi amigo Ray, un pibe de raza inglesa, me dijo que su vecino entró, perdió la noción y al salir se hashó caminando en un lugar anacrónico, sin salida y parlando con un perro con acento argentino". Yo sólo sabía decir "el submarino amarillo". El perro se acercó y me dio una bofetada con la que me dejó inconsciente...
Éste ha sido un ejemplo de un mal proceso. Divagar y no concluir; mal viajar y no encontrar un desenlace. Es como cuando fajas y a la mera hora te dicen "ya se me fueron las ganas, mejor otro día". Lo peor deviene en el dolor de testículos un par de horas después. Ya ven que el escribir no es fácil!!!







2 comentarios:
y para qué quieres desenlace?? así quedó chinguéeeen!!!
más bien es como cuando te echas un muy buen palo, pero el cansancio te agota antes de terminar...
no todo es el final, luego sí acabas pero bien equis, porque le faltó al proceso...
anyways, extraño el proceso y el final jojo
Cache
Ni escribir ni hacer el amor, tienen garantías de facilidad; no existen recetas infalibles. Precisan, sí, de ese savoir faire que no se enseña en los manuales y que nace del sentir y de la pasión.
Un beso
"usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío"
Currículum. M. Benedetti
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