
Yo no quise lastimarte, solamente te dije que no;
¿no estarás acostumbrada a sentirte rechazada?
Ok perdón, fue sin querer!
¿no estarás acostumbrada a sentirte rechazada?
Ok perdón, fue sin querer!
Ésa y muchas más canciones faltaron para hacer de la noche del miércoles, la noche del éxtasis en la ciudad de los ángeles (y demonios). Arrancó con la parte de adelante y terminó sin documentos; pasó por la flaca y por los chicos pa' ir al carnaval de brasil y al Estadio Azteca, cómo le harían? Quién sabe! Después me enteré que los agarró la chota en Querétaro por jugar con fuego y por la noticia hasta le derramé mi gin tonic al goei de a lado y el muy puto le dijo a su vieja me arde gorda; marica de mierda, pensé.
En punto de las 8 de la noche del 24 de junio se congregó en el Complejo Cultural Siglo XXI la crema y salsa de la sociedá poblana, 'ora sí que como quien dice, la más alta suciedad. Paloma se llamaba la que estaba frente a mí y eso lo supe porque escuché a su galán nombrarla con tono de pelea, por cierto, estaba buenísima; qué pendejos ir a pelear al concierto de el salmón, me dije, y miren que pude haberme aplicado porque más que novios parecían como dos extraños. En el baño estaba por culpa de una caguama cuando interpretó media Verónica, lo que no lamenté tanto pues esa rola no es muy de mi agrado.
Escucharlo en vivo me transportó a diversos escenarios: me imaginé con una dama sentado en un mirador, contemplando la ciudad mientras en el horizonte se divisan los aviones de destinos inciertos hacia destinos que igual no me importan; imaginé también abrazando a aquella mujer, susurrándole al oído cursilerías que la hagan sonrojar, guíandola y preparándola para cuando llegue el momento de decirle: soy y he sido tuyo siempre; claro, en tal situación y con tanto romanticismo telenovelesco, no podría faltar el toque de una botella de vino, un merlot, beberlo hasta la última gota y volver (el estómago) al auto para besuquearnos sin pena.
Claro, tanto mal viaje se vió interrumpido cuando el auditorio completo, al unísono, cantaba todavía una canción de amor; esa rola, a su vez, me hizo recordar días distintos, sí, aquellos cuando nada me preocupaba y el amor y todo lo demás valía dos pesos; cuando a mí y a mi bola de amigos nos apodaban los mareados por las pedas de nevero que nos arrimábamos los viernes por la noche en baresillos de octava que se arriesgaban a venderle alcohol a menores de edad: crímenes perfectos, criminal el menor chupando y criminal el dueño del bar que le vende el alcohol. Las oportunidades de ver un concierto de semejante calidad no se dan ni en el día internacional de la mujer (¡¿eso qué?!); Elvis está vivo gritó un flaquito bien escurrido que estaba justo atrás de mí lo que me produjo una mueca instantánea, y grité, a manera de opacarlo, me estás atrapando otra vez! Quién? Yo? - dijo la chaparrita de a lado - Nel! Tú no!! Me refiero a la canción! Ahh, idiota! Pues ni tú ni el escurridito de atrás! Escucha nomás... y sí, eran las notas de donde manda marinero, ohh sí!
Canciones más, canciones menos; imaginación me falta para incluirlas...
En punto de las 8 de la noche del 24 de junio se congregó en el Complejo Cultural Siglo XXI la crema y salsa de la sociedá poblana, 'ora sí que como quien dice, la más alta suciedad. Paloma se llamaba la que estaba frente a mí y eso lo supe porque escuché a su galán nombrarla con tono de pelea, por cierto, estaba buenísima; qué pendejos ir a pelear al concierto de el salmón, me dije, y miren que pude haberme aplicado porque más que novios parecían como dos extraños. En el baño estaba por culpa de una caguama cuando interpretó media Verónica, lo que no lamenté tanto pues esa rola no es muy de mi agrado.
Escucharlo en vivo me transportó a diversos escenarios: me imaginé con una dama sentado en un mirador, contemplando la ciudad mientras en el horizonte se divisan los aviones de destinos inciertos hacia destinos que igual no me importan; imaginé también abrazando a aquella mujer, susurrándole al oído cursilerías que la hagan sonrojar, guíandola y preparándola para cuando llegue el momento de decirle: soy y he sido tuyo siempre; claro, en tal situación y con tanto romanticismo telenovelesco, no podría faltar el toque de una botella de vino, un merlot, beberlo hasta la última gota y volver (el estómago) al auto para besuquearnos sin pena.
Claro, tanto mal viaje se vió interrumpido cuando el auditorio completo, al unísono, cantaba todavía una canción de amor; esa rola, a su vez, me hizo recordar días distintos, sí, aquellos cuando nada me preocupaba y el amor y todo lo demás valía dos pesos; cuando a mí y a mi bola de amigos nos apodaban los mareados por las pedas de nevero que nos arrimábamos los viernes por la noche en baresillos de octava que se arriesgaban a venderle alcohol a menores de edad: crímenes perfectos, criminal el menor chupando y criminal el dueño del bar que le vende el alcohol. Las oportunidades de ver un concierto de semejante calidad no se dan ni en el día internacional de la mujer (¡¿eso qué?!); Elvis está vivo gritó un flaquito bien escurrido que estaba justo atrás de mí lo que me produjo una mueca instantánea, y grité, a manera de opacarlo, me estás atrapando otra vez! Quién? Yo? - dijo la chaparrita de a lado - Nel! Tú no!! Me refiero a la canción! Ahh, idiota! Pues ni tú ni el escurridito de atrás! Escucha nomás... y sí, eran las notas de donde manda marinero, ohh sí!
Canciones más, canciones menos; imaginación me falta para incluirlas...







2 comentarios:
Querido
Qué suertudo ¡! Me encanta Andrés Calamaro.
Me da gusto que estés de vuelta y además, con un post tan musical.
Besitos
que te encontrastes a mi carnala, me enteré
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