Junio 24, 2011. El Maestro Cerati en mis oídos paseando por Roma y derramando comfort y música para volar...
Entonces, pregúntome, ¿cómo va todo? Del carajo! Me contestó un metiche. Pero, ¿por qué del carajo? ¿Acaso, de plano, sí estamos muy jodidos? No sé - me dijo - pregúntale a tu vecino...
Pero cuando Cerati suena las aguas se calman, dije para mí para evitar nuevas intromisiones. Ahora estoy en la ciudad de la furia, y no precisamente en Juárez, Tijuana, Reynosa o cualquier urbe norteña con altos índices de violencia, sino aquella de la guitarra melódica, distorsionada y refinada.
Me entra de repente la convicción de que moriré sin conocer el progreso incluyente, el desarrollo económico, la cohesión social y a los hijos de mi hermana.
No bastan unas buenas notas (como las desplegadas por Gustavo) para alivianar el deshaucio de la sociedad; resultan ser, en todo caso, una especie de anestecia que mengua la realidad.
Vamos! Si tan sólo supiera hacer música...
Entonces, pregúntome, ¿cómo va todo? Del carajo! Me contestó un metiche. Pero, ¿por qué del carajo? ¿Acaso, de plano, sí estamos muy jodidos? No sé - me dijo - pregúntale a tu vecino...
Pero cuando Cerati suena las aguas se calman, dije para mí para evitar nuevas intromisiones. Ahora estoy en la ciudad de la furia, y no precisamente en Juárez, Tijuana, Reynosa o cualquier urbe norteña con altos índices de violencia, sino aquella de la guitarra melódica, distorsionada y refinada.
Me entra de repente la convicción de que moriré sin conocer el progreso incluyente, el desarrollo económico, la cohesión social y a los hijos de mi hermana.
No bastan unas buenas notas (como las desplegadas por Gustavo) para alivianar el deshaucio de la sociedad; resultan ser, en todo caso, una especie de anestecia que mengua la realidad.
Vamos! Si tan sólo supiera hacer música...







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